viernes, 13 de enero de 2017

Brevérrimo. Mis otras vidas ¡Café!

¡Café! ¡Daría cualquier cosa por un buen café!

De hecho en 1.725 me prometí en matrimonio con cierto pirata solo porque traía de contrabando un magnífico café de Java.

Sin embargo, como no me gusta solo, después me comprometí con un lechero de la zona de Yorkshire, el pirata se enteró y aquello acabó como el rosario de la Aurora.

Y ahí es donde comenzaron las famosas luchas entre corsarios y productores lácteos de las que todos hemos oído hablar.

Para entendernos, me llamaban la Helena de Troya del sector desayuno.


pd. Una serie de aburridísimas excusas me impide actualizar como y cuanto me gustaría y, sobre todo, cumplir con las entradas pendientes. Espero que esta revelación consiga que me disculpéis.

miércoles, 21 de diciembre de 2016

Un año más os advierto

Es cierto, lo reconozco. Os debía y os debo (además de otras muchas cosas, como el respeto que me merecen sus señorías) la segunda parte del "Disfracismo Ilustrado", pero es que es perentorio (¡toma ya, perentorio!) que os alerte de un tema muy inquietante: la escalada sin precedentes de invasiones que sufren en estas fechas azoteas y terrazas de todo el país.

¿No os lo creéis? Pues yo no paro de verlo, cada vez que enciendo la televisión, ahí están, jóvenes ocupando las terrazas ajenas.

Claro que en algo os he mentido porque he dicho que "no tiene precedentes" y no hay año que no ocurra. Lo que sí es verdad, es que es muy preocupante.

Si tenéis una azotea, o una terraza bien hermosa, cerradlas bien que en cuánto os descuidéis se os llenará de gente con aspecto desnutrido.

Sí, sí, aspecto muy desnutrido, pero que no os den pena, que comen de todo, lo que pasa es que están así por la genética, o por  su metabolismo. (¿O es porque duermen ocho horas?).

Allanadores azoteriles. La plataforma de la chica con falda verde ¿No es más gruesa que su pantorrilla?

Fijaos bien que dicen "Mi metabolismo" así, recalcando que tienen uno propio, y los demás nos tenemos que conformar con cualquier cosa.

Porque los metabolismos son como las piscinas. Hay quién dice "mi piscina" y se refiere a la suya, la particular, la que cuando llueve se moja, como las demás (y por eso se tienen que comprar una lona). 

Otros, cuando dicen "mi piscina" se refieren a la de su urbanización, esa que comparten con unos niños que siempre se están tirando a bomba y con unas señoras sentadas a la sombra. Oye, que si no hay señoras de esas, la piscina pierde mucha categoría y tiene que hacer una reunión de urgencia la Comunidad de Propietarios y contratar unas.

Así que normalmente las instala ahí el socorrista cuando pone el cloro por las mañanas, y no os creáis, salen por un pastón, por eso hay que pagarlo entre todos los vecinos. 

Los niños que se tiran a bomba, no. Esos salen gratis, porque simplemente brotan cuando se construye una piscina, como el verdín de los azulejos.

También hay algunos, digamos optimistas, que dicen lo de "mi piscina" y en realidad quieren (o quizá no quieren) decir "mi piscina ... municipal"; piscina que se diferencia de la de la urbanización en que a las señoras esas las instala por las mañanas un empleado de la Junta del Distrito y las pagamos todos con nuestros impuestos. 


Pues sí, los salteadores de azoteas tienen su metabolismo, el suyo y el de nadie más. Y otros nos tenemos que conformar con un cuarto o un quinto de metabolismo. Con un metabolismo multipropiedad, vaya. Y todos sabemos la mala publicidad que tiene la multipropiedad.

Yo, en concreto,  comparto el mío con un señor de Zamora, una señora de León y dos chavales de 4º de la ESO del Instituto "Gabriel y Galán" de Móstoles El Soto. Y así me va.

Algunas de las chicas incluso cuando acaban de dar a luz ya están así de metabólicas, pero es porque se pasan el día corriendo detrás de su hijo.

Inquietante como poco, porque no hay niño recién nacido que corra, ande o ni siquiera gatee. Pero quién sabe a lo mejor los niños con su metabolismo, nacen así.

Aunque para inquietante es cómo estará la niñera que es la que se lo cuida.
Jugándose la vida en el andamio

Pero volviendo al grave asunto que nos ocupa (que nos ocupa las terrazas), el que tenga acceso a un azotea, que no se sorprenda si en las próximas semana se encuentra a una metabólica pareja mirando al infinito. 

Muy especialmente surgen al amanecer. Sí, al amanecer, como los cangrejos.

Que por cierto, a las 6 de la mañana en una azotea, debe hacer una rasca...

¿Y por qué? Pues los cangrejos, no sé pero los metabólicos es que... Primero una cosa, vosotros ¿Sois mucho de ir a azoteas, sobre todo si son de otras personas? 

El antenista que no conteste, por favor. Porque yo, la verdad, como que no. Y eso ¿Por qué? Pues porque no molo nada, está claro. 

Porque si fuera una chica alta, de rubia melena (y con metabolismo) que no para de reírse todo (pero todo) el rato cuando sale con su chico, y se pasan toda la noche (pero toda) bailando y riendo, y amanece mientras siguen riéndose....entonces acabaríamos la noche, sin duda, en una azotea de esas.

La acabaríamos así, y la empezaríamos llamando a nuestro camello de confianza, sospecho.
 Giselle Bünchen suplicando que le dejen entrar en una fiesta descolorida

Al parecer el país está llenito de esas fiestas. Que alguno pensará que también ha ido a fiestas, y que sin ir más lejos, ya tiene las entradas para una mega fiesta de Nochevieja en Móstoles El Soto (saluda a mis co-metabólicos, por favor). 

Pero no quiero decepcionaros, igual que hay metabolismos de primera, de segunda y hasta de quinta regional, una cosa es una fiesta normalita, con sus chicas haciendo cola en el baño y sus luchas a muerte para intentar que te sirvan una copa en una barra atestada (que es lo que irónicamente se llama "barra libre").

Y otra cosas son las fiestas que acaban en terraza. Y se las distingue fácilmente, no por nada de lo que he dicho, sino porque son en blanco y negro. Sí, sí, sí, en blanco y negro. 

Bueno vaaale, algunas no son estrictamente en blanco y negro, pero cuesta distinguir más de tres colores desvaídos. ¿Cómo explicarlo? ¿Alguna vez habéis visto alguna película de Carmen Sevilla y Luis Mariano

Nota: quiero pedir disculpas a los que haya hecho escuchar lo de "en esta corte franceeeesa, eres más que gitana princeeeesa".
Llevándose el ligue a la azotea al amanecer. Lo típico, vaya.

Bueno, yo ya os he advertido, aunque ya lo habréis visto vosotros, que está la televisión plagadita de documentales de esos que nos muestran las extrañas costumbres de estos  juerguistas allanadores de azoteas. 

Si hasta interrumpen los programas y las películas para que los veamos, una y otra vez.

¿Cómo? ¿Que son anuncios?

¡Hombre por favor! ¿Cómo van a ser anuncios? ¿Y qué promocionan? ¿Cerrojos para terrazas?

Y ahora me diréis que el evento ese de las chicas con las alitas es para vender bragas y no para que Leonardo diCaprio escoja el recambio de su rubia de turno. 

Y que ese chico que sale sin camisa, que entra en un estadio y hace así con los brazos hacia atrás y ¡zas! se le van los rivales a tomar viento, es un anuncio de perfume. ¡Venga hombre, por favor!
El míster le ha dicho que haga así(n)con los brazos...

No me querréis hacer creer que hay alguien que está viendo eso en su casa y ve que le dan al muchacho ese una copa deportiva (sin hacer absolutamente nada) y dice:

- Cariño ¿Tu hermano es muy deportista, no?
- Ni para atarse los zapatos.
- Peroo... ¿Juega a la Liga Fantástica, verdad? Porque entonces ya tengo regalo para él.

Por cierto, un aviso al chico ese del gesto torcido: no te están esperando cinco mujeres ¡Es que te has equivocado de vestuario!

Claro que a lo mejor no os importa que os invadan la azotea, porque así conocéis a algún famoso vestido con traje de noche. Que en estas fechas se ven muchos. Observad sin ir más lejos, este impactante documento gráfico firmado al parecer por el fantasma de Scorsese. 

Va de que Scarlett Johanson y Mathew McConaughey (he tenido que copiarlo) se visten como para ir a una fiesta de gala (aunque él lleva el cuello de la camisa flojo, que para eso es un tío guay); pero a ¿Dónde van? Pues a dónde van a ir dos guapos y ricos que van vestidos de gala ¡A una azotea! 

¿Que cómo acaba? Pues nada, que se no se dicen absolutamente nada más que dos pamemas (a mí tampoco me parecían estos chicos de mucha conversación, la verdad) y al final él pregunta:

- ¿Para esto querías que viniera desde Sebastopol y que rodara con Martin Scorsese?

¿Absurdo? ¿Ridículo? ¿Pretencioso? Pues claro, pero aún así me ha dejado mejor sabor de boca que "El Lobo de Wall Street".

Aunque al parecer "mantienen una conversación épica"  que no te digo yo que no, porque El Cid y Doña Jimena era mucho de charlar en azoteas. Eso lo sabe todo el mundo.

- Oye Rodrigo, que digo yo que qué va a ser de nuestras hijas, con ese padre que anda siempre por ahí perdido...
- Tranquila, mujer, que ya les encontraremos unos buenos maridos.

Así que lo dicho, que lo mismo no os importa dejar la terraza descuidada por ver a estos dos mozos cuando subáis a tender, y así podréis decir, si no por mitomanía, por utilidad:

- Mathew Maco... ¿Mathew Maculeyculkin?...  ¡Scarlett Johansson ! ¿Me ayudas a doblar las sábanas?

Bueno chicos, pues ya que os he advertido ya solo me queda desearos una
MUY FELIZ NAVIDAD

Y un
¡¡¡¡AÚN MÁS FELIZ AÑO NUEVO!!!


Ah, eso y adjuntaros la foto más navideña que existe:

Documento gráfico navideño de valor incalculable

¿Qué pasa, no os parece navideña? Pues es mi portal, así que ea, ya tenéis una foto real del Portal de Belén.

Que a otros les invadirán las terrazas en estas fechas, pero a mí todos los años se me llena el portal de casa de:

- Estrellas,
- Sol
- Y luna,
- La Virgen
- Y San José
- Y el niño que está en la cuna.

¡Que no veáis lo que ocupan, caramba!




Imágenes de
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miércoles, 2 de noviembre de 2016

Fieltro, princesas y el grupo Bilderberg.

¿Sabíais que según un reciente estudio de la Universidad de Illionois más del 38% de las mujeres que se casan quieren "parecer una princesa" el día de su boda?

Pues no me extraña nada, porque me lo acabo de inventar.

¿Y que según un estudio de la Universidad de Columbia, les importa más lo de la princesa que lo de casarse?

Ante este preocupante aumento en el número de Cenicientas casaderas, las autoridades educativas de nuestro país (sí, en nuestro país hay "autoridades educativas", o eso dicen) han tomado cartas en el asunto y como muchos (desgraciadamente) sabréis, han decidido incluir el tema del disfraz como materia curricular, y no hay niño que haya pasado más de tres años en el sistema educativo sin haberse travestido de diez o doce cosas como mínimo.

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Se me ve cómoda ¿verdad?
No hay ya menor de siete años en este país que no se haya disfrazado de pastorcillo/a, pirata, bruja y sobre todo, de algún cómodo - a la par que estético - traje regional.

En concreto, las niñas madrileñas tienen que lucir este confortable atuendo (que observáis a la izquierda) todos los 15 de mayo, llueva o haga sol.

Y nunca mejor dicho, que hay años que en mayo, en Madrid caen chuzos de punta y otros en los que luce un solazo que no os podéis imaginar.

Lo que sí os podéis imaginar es lo que le va a ocurrir a la criatura cuando intente dar dos pasos seguidos, con ese largo y ancho de falda tan adecuado para niños que aún no dominan las funciones motoras.

De hecho, un estudio de la universidad de Illinois afirma que entre un 16,57 % y un 17,25% (en Illinois es que son muy precisos) de niñas madrileñas de menos de 12 años sufren lesiones de rodilla permanente por culpa de San Isidro.

También afirma categóricamente que un 67,58% de madrileñas mayores de 14 años le comunican de forma harto expresiva a las autoridades docentes en qué lugar de su anatomía (la de las autoridades) creen que luciría mejor el clavel reventón.

Aunque también hay un 15,37 % que huyen de la comunidad autónoma para evitar tan aciago destino. Hasta que llegan a Toledo y descubren que se tienen que vestir de lagarterana.

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Para mí que este traje me pone cara de antigua
¡Y no se vayan todavía, que aún hay más! Sí, amigos, porque hasta ahora solo he mencionado disfraces facilitos de esos que se compran en las tiendas.

De hecho un estudio de la Universidad de Montana afirma que tanto transformismo escolar, oculta una conjura del grupo Bilderberg y Disfraces Maty.

Pero es que en Montana... pues no se enteran. Desde lo de Hanna, no levantan cabeza, ya se sabe... A ver, comprar un disfraz es de primero de padres, lo chungo-chungo es cuando el disfraz tiene que ser casero, sí o sí.

Un estudio de la Universidad de Milwaukee afirma que más del 60% de los padres preferirían tener que cambiar toda la fontanería de casa antes de que su niño vuelva de clase con un papelito que empiece con estas aterradoras palabras:

"Se acerca el Carnaval y .... (lágrimas de los padres que les nublan la vista) ... El disfraz lo vamos a realizar entre todos de una manera muy sencilla y va a quedar genial.. (aquí un momento para que los padres se agencien un Tranquimacid)... "
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Para qué llevar un disfraz absurdo tú solo si lo puedes hacer con toda tu clase

Cuando llegan a la lista que que empieza por "2 metros de fieltro, 2 litros de goma EVA...", algunos han abandonado a sus hijos, su trabajo, su casa y hasta su partida de Candy Crush a medias, antes de sumergirse en unas crípticas instrucciones para confeccionar un disfraz de erizo para que toda la clase pueda dar unidos una versión distorsionada de tan incómoda mascota.

La verdad, toda la verdad, y nada más que la verdad, es que es una conjura ¡Sí! Pero una de la industria del fieltro y demás telas con brilli-brilli y en general, grimosas de tocar.

El poder del lobby de telas acrílicas de colores chillones es algo desconocido todavía por el gran público, pero informados estudios de la Universidad de La Roda (Albacete)...

Un momento: ¿No os creéis el estudio porque proviene de Albacete? Pero bueno, ¿Cómo os creéis que es Montana, o Illinois o Milguoqui? Pues para que lo sepáis, Illinois es igualico a Alcantarilla, Murcia. De hecho lo llaman "El Alcantarílla de América".

A lo que iba, un estudio de la Universidad de Murcia (con los recortes ha cerrado la de La Roda, mientras escribía esto) la industria del fieltro ha igualado en la última década a la del papel pinocho (tan fundamental en la vida escolar de mi época) e incluso igualado la de las cartulinas de colores variados para pegar fotos torcidas.

¡Y amenaza con romper las cotas de inutilidad histórica de la goma para bolígrafos, los transportadores de ángulos y las seguetas de contrachapado, todos juntos!

Y qué decir de la goma EVA! No me hagáis hablar de la goma EVA! Sobre todo porque no tengo ni idea de qué narices es.

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Mi abuela cosía para Cornejo.
En todo caso, tan poderoso lobby no se detiene ante el mal que pueda ocasionar en las familias españolas.

¡Ya es hora que alguien lo denuncie!

Y no solo los padres deben superar tercero de corte y confección, y cuarto de diseño y patronaje para que su niño pueda superar segundo de primaria (menudo lío me acabo de hacer con tanto curso); sino que a diario (más en diario de noviembre y febrero, la verdad) se producen escenas de dolor indescriptible que dejan una huella indeleble en la psique de padres e hijos, cuando descubren que (voy a tomar aire, que me estoy ahogando).

Desubren que "El disfraz lo vamos a realizar entre todos de una manera muy sencilla y va a quedar genial" a alguno les ha quedado así...


Y a ti, a pesar de haberte acostado a las tres de la mañana y haberte despertado otra vez a las tres y media para ir a Urgencias para que te despeguen la goma EVA de tu mano derecha y de la funda nórdica, a ti... a ti te ha quedado así:

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Mi abuela cosía para el Pasaje del Terror
Aunque viendo semejante ropa de cama, casi lo mejor que le podía pasar era lo de que te la destrocen en Urgencias,  qué quieres que te diga.

Y todo este desaguisado ¿merece la pena? ¿qué sentido tiene?

Volviendo al principio os recuerdo que todo era un plan gubernativo (o de Disfraces Maty, ya no me acuerdo) para acabar con tanta novia frustrada que organiza su boda para parecer "una princesa".

Viendo al pobre erizo de la izquierda tentada estoy de dar por bueno que la gente, el día que se case se disfrace de Reina del Carnaval tinerfeño, si le da la gana (y también te da el ancho de la puerta del restaurante), pero amigos, es que todavía no hemos llegado al reverso oscuro.

Reverso este que ofreceré en una próxima entrada, si el tiempo y los agentes infiltrados del lobby del papel pinocho, me lo permiten.


domingo, 11 de septiembre de 2016

Las cinco ¿mejores? frases que los realities nos han dejado (y que no tendremos que devolverles)

Tres nuevos canales han llegado a la TDT española en los últimos meses: TEN, DKiss y BeMachote, o algo así. Creo que ha pasado el tiempo suficiente para abandonar toda esperanza y reconocer la cruda realidad, o la cruda tele-realidad, porque toíta su programación se basa en realities.

La pregunta ahora es ¿Qué poso dejarán en nuestras vidas aquestas nuevas (si es que no son las mismas, que vete tú a saber) novias obsesionadas por el escote corazón ?

Porque los realities nos han abierto la ventana a todo un mundo de conocimiento, y gracias a ellos ahora sabemos cómo se fabrican las tarrinas de tres sabores de helado (aunque no, a quién le gusta vainilla cutre o la fresca chiclosa), cuánto vale una petaca de la Guerra de Secesión americana o que shore en inglés significa "playa choni".

Aunque lo más importante es que han incrementado nuestro acerbo acervo lingüístico, signifique esto lo que signifique, con unas cuantas expresiones y frases hechas.

Revisemos cuáles han sido las ¿mejores? Helas aquí, en (poco riguroso) orden de menor a mayor  índice de machaconería.

5.- El líder de la manada

César Millán, un señor bajito campeón mundial en la categoría de imitar caras de perretes y en la de ir en patines tirados por el mayor número posible de perros a la vez, decidió un día rentabilizar estas habilidades (de tan dudosa aplicación práctica) y creó un programa en el que aseguraba poder educar a dueños de mascotas de todos los Estados Unidos de América.

Y en cuánto la pareja de turno - chica rubia de Ohio y su novio surfero - aprendían a dar la patita y a hacer sus necesidades fuera de la alfombra, se ganaban el respeto de sus perros que llenos de alegría por tales avances, dejaban de morder al cartero y a la tía Barbara Sue.

Aunque en el programa se mostraba un letrero que advertía claramente que no se debían imitar las técnicas del "susurrador de perros", les faltó avisar de los peligros de repetir sus coletillas sin supervisión. La terrible consecuencia es que a la que te cruzas un parque con un par de mascotas acompañadas de sus humanos, no es difícil que escuches aquello de la "energía tranquila" o "el líder de la manada".

Hace apenas unos días escuché en una terraza a una chica que afirmaba "Todo irá bien si Pancho es sumiso" algo que me dejó sumida en tal estado de confusión que aún me estoy preguntándome si el tal Pancho será un amistoso pastor alemán o un humano candidato a hacer buenas migas con el tipo ese de las 50 sombras pseudo-grisáceas.

4.- Tienes que dar un paso adelante

Frase comodín del jurado de cualquier talent show (o lo que los profesionales llamamos "Operación Triunfo de lo que sea") cuando no sabe qué decirle a algún pobre incauto que pretende ganar un concurso de no sé..., tatuadores, tatuando lo mejor posible y no dando pasos adelante, que se le va a correr toda la tinta y aquello le va a quedar el pectoral de un fulano (que quiere que una sirena encima de una calavera le recuerde que dejó las drogas para dejar de ver esas cosas raras) hecho un asco.

Otra cosa sería que el concurso fuera de muchachas aspirantes a modelos porque yo, que aprendí todo lo que sé sobre ese mundillo de "Cristal", os puedo decir que en el mundo del "modelahe" es muy conveniente dar un paso adelante, después otro, y si la pasarela es más larga, incluso otro más, y después pararse un momento y mirar con cara de sufrir de reflujo intestinal hacia el infinito.

A veces la frase se sustituye por "Pasar al siguiente nivel", algo que vendrá genial cuando se emita un concurso de adictos a los vídeo-juegos.

3.- La zona de amigos

Este es mi pequeño réquiem por ese canal (semi)difunto: la MTV.

Aunque se creó como una cadena dedicada a los vídeos musicales, cuando llegó a nuestras teles en abierto más bien parecía haberse enfocado en realizar un estudio sociológico empeñado en demostrar la estulticia del adolescente medio.

Así conocimos a mozos que creían que la mejor manera de conocer chicas era enseñar a hacer surf a sus futuras suegras. A muchachillas que "tenían citas" con futuros senadores de los USA elegidos por sus padres para ver si le gustaba más que su novio okupa. Y a dependientes de un MacDonalds de Ohio que comenzaban a sospechar que su novia por internet de hacía años fuera realmente la finalista de Miss América que afirmaba ser...

La citada alusión a "la zona de amigos" constituía más o menos el 40% del monólogo que mantenían frente a la cámara mozalbetes y mozalbetas que - quién sabe cómo- habían llegado a la conclusión de que la mejor manera de confesarle su amor a su mejor amigo/a era delante de las cámaras de la MTV.

Sin presiones, vaya.

Era uno de los programas más bizarros que ...
- Oye, que "bizarro" en castellano significa valiente, arriesgado...

¿Y acaso no hay que ser un rato valiente para soltarle esto a tu mejor amigo, y más aún sabiendo que le estabas poniendo en bandeja "Es que... yo te veo como un amigo/a"?


2.- Cocina de concepto abierto

Directamente desde Canadá, la tierra donde que una familia de cuatro personas viva en una casa de menos de doscientos metros cuadrados se considera hacinamiento, llega nuestra medalla de plata y la gran aspiración de las parejas que dudan entre qué será más malsano para su relación: pasar por una obra o por una mudanza.

Canadá, todos lo sabemos, es un país de grandes espacios abiertos: grandes bosques, grandes lagos... pero el mayor espacio abierto está en las cocinas. 

La obsesión de los propietarios canadiense por las "cocinas de concepto abierto" solo rivaliza con los suspiros que lanzan cuando piensan en "sótanos acabados" o si acaso, su fijación por colocar la lavadora en el punto geográfico más distante posible de su ubicación habitual en la casa. En Ohio, a ser posible, buscando una secadora con la que que chateaban por internet.

Lo que es un gran misterio es por qué se levanta ni un solo tabique en ese país, sabiendo como sabemos todos a este lado del charco, que no hay propietario en Canadá que no eche de menos tener el famoso concepto abierto ese para poder invitar a mucha gente a charlar con ellos mientras preparan la comida.

Por cierto, si alguna vez os invita a comer un canadiense a su casa y te dice que la comida es a la una, ni se te ocurra aparecer por su casa más tarde las siete de la mañana, que no veas la ilusión que les hace tenerte ahí mirándoles mientras evisceran el pescado, por poner un ejemplo.


Y en nuestro primer lugar, la única, la inigualable, la frase que no falta en ningún talent show, reality de convivencia, de supervivencia o lo que sea...

1.- No he venido aquí a hacer amigos.

Pues sí, si algo nos ha enseñado la televisión es que no hay cantante, decorador, diseñador de moda, cocinero profesional, cocinero aficionado o cocinero aficionado menor de trece años que se haya apuntado a un concurso de este tipo a hacer amigos.

Recordad: más importante que cantar bien, saber tatuar, tocar las bandurria con los pies o, si careces de cualquier tipo de talento, haberle puesto nombre a tus abdominales o "dar juego", lo realmente importante para que te escojan en el cásting de cualquier reality que se precie, es no tener el más mínimo interés en hacer amigos.

Normal, porque si tienes amigos, después hay que invitarles a comer a tu casa y ya estás metido en obras para conseguir que te quepan en tu cocina de concepto abierto.


No sé vosotros, pero yo estoy firmemente convencida de que el mundo de los reality implosionará el día que se haga uno cuya finalidad sea "hacer amigos".

martes, 19 de julio de 2016

Esa alegre tonada, solución (al fin!!)

Una terrible agitación recorre el país desde hace semanas, meses incluso, y no es para menos.

¿Las primeras elecciones? ¿La eurocopa? ¿El insoportable calor? ¿El insoportable aire acondicionado de los autobuses? ¿Las segundas elecciones?

No, no, mucho más inquietante: la resolución de la alegre tonada que se ha hecho esperar!!

En fin, ya sabéis que la mujer dispone y la falta de tiempo dispone y que no por mucho madrugar se escribe la entrada más temprana y dichas ya estas simplezas a modo de disculpa, tan torpe como sincera, allá van las opciones de la más votada a la menos votada y por fin (¡Oh, tamaña intriga que tanto os desasosegaba!), la solución.

Soy Mineroooooo

Primera opción escogida por el (paciente) público. La verdad es que difícil no asociar esa canción con una situación tan difícil como llevada con (inexplicable) alegría.

Con demasiada alegría diría yo, porque qué quieres que te diga Antonio Molina, bajar a la mina no es para estar tan felizote, te pongas como te pongas. Aunque una cosa te digo, minero cantor, hay que reconocer que el tuyo es el mejor trabajo de toda la cantera, porque empujar una vagoneta no será una juerga, pero comparado con andar picando piedra todo el día es pecata minuta.

Sobre todo si además de lo de pico tienes a un tipo cantándote al oído con esa voz tan aguda, tan penetrante tan … laína, que la llamaba Lauren Castigo. Vete tú a saber por qué.

Vuelvo a remitiros al mismo vídeo (pincha aquí, resalao)  porque no tiene desperdicio.

Molina y sus compañeros con el peto de vestir
Que si uno que va a levantar una piedra muy pesada y al final coge otra más ligera (qué gag! No me canso de verlo), que si el susodicho Antonio Molina se acuerda de que no se ha puesto la camiseta pero aún así conserva el mismo gesto durante toda la canción... Y es que era el Sara Montiel del cine coplero.

Pero con voz.
Y sabiendo cantar.
Vale, no era como Sara Montiel.

Pero mi momento favorito es cuando salen todos del trabajo, así del bracito cogidos, sonriendo, haciendo coros, que nadie ha salido tan alegre y cantarín de una mina desde los Siete Enanitos.

Van todos como diciendo "¿Seguridad en el trabajo a mí? Suspaqué"

Y eso que es obvio que sufren una terrible enfermedad laboral, a tenor de ese movimiento oscilatorio errático de cuello que sufren todos. Espero que de la mina se vayan directos al fisioterapéuta.

Pero al lío: ¿Es este compendio de falta de seguridad en el trabajo y alegría injustificada lo que me viene a la mente cuando descubro que he perdido el último autobús? Pues no, y eso que la canción se tercia, pero por algún extraño motivo, mi subconsciente la tiene archivada en otra carpeta.

Sospecho que en la de "Gente que vive feliz porque no sabe que tiene las cervicales fatal".

Parchís y Campanera

En segundo lugar, con igualdad de votos, tenemos a Parchís-chís-chís y a Campaneeeeera.

Qué curioso que coincidan dos muestras de niños explot.... digo artistas de épocas tan diferentes ¿verdad?

Campanera, la verdad es que a veces me viene a la mente, pero solo eso "Aaaay, campanera" porque, como ya conté, me veo incapaz de soportar a Joselito 25 segundos seguidos.

Vale, ni alternos.

Mi mente se ve que es más sabia de lo que parece, porque no me trae al "Pequeño Ruiseñor" al recuerdo en los malos momentos. Ni en los buenos, vaya.

Resumiendo: que no es Joselito (Oooooh), ni siquera Marisol, a la que tengo mucho más fichada en sus múltiples papeles de rubita pizpireta que es huérfana de madre, rubita pizpireta que es huérfana de padre o rubita pizpireta que huérfana a secas.

La verdad es que esos argumentos y tal cúmulo de desgracias son realmente inverorísimiles: Que si es rehén de unos ladrones que resultan ser unos blanditos; que si destapa un plan para engañar a su tío y robarle la herencia a la familia; que si vive en casa de su productor/descubridor, separada de su familia, criándose junto al que en el futuro será su primer marido...

Lo dicho, totalmente inverosímil.

Parchís. Os he dicho que Joselito me pillaba lejos por cuestión de edad, pero tuve el inmenso privilegio de ser contemporánea de toda una generación de niños cantantes.

¡Qué tardes de sábados aquellas en que me quedaba hipnotizada delante de la televisión, mientras veía Aplauso! Aplauso! Un sentido homenaje a ese programa en el que nunca sabías lo que te podías esperar:

Tan pronto salía KISS como Rocío Jurado.
Village People como AC/DC.
Bernardo Bonezzi como unos novios formales de Valladolid que bailaban rock acrobático.

Cómo recuerdo estar en el cuarto de estar de mi casa y escuchar a Silvia Tortosa exclamar "Con vosotros.... Parchís!" mientras yo pensaba:

- ¡No, por Dios, Parchís no, prefiero a Pino D'Agio, hasta al tipo que hace robot!

Pues sí, es triste pero este segundo advenimiento de los niños cantores de España me llenó de un espanto sin fin y me hizo adquirir extrañísimas e inummerables fobias:

- A los niños que bailan acompasados.
- A los chavales con flequillo que les tapa un ojo
- A las niñas que dan golpes de cuello absurdos para mover la melena a cada paso de baile. Otra que debe tener las cervicales para el arrastre.

Y sobre todo a la ropa de colorines a juego.

En fin, que los pobres niños, que de mayor comprendí que no tenían culpa de nada, me estomagaban bastante y la única que me caía bien era la de Parchís que bailaba con tan poco brío.

Quizá porque pensaba que de verme metida en algo así, yo también intentaría pasar lo más desapercibida posible.

Pues sí, ya es mala pata que te horrorice tanto algo con lo que machacan a tu generación día y noche y además en plena infancia. Creo que fui la niña más perjudicada por ese fenómeno en toda Españ... No, espera, creo que fue Ana.

Ya sabéis... la de Enrique y Ana.

Sí, sin duda fue mucho más perjudicada.

Oh, sí, MUCHO más.

Así que no, nunca me he aprendido los pasos de los bailecitos de Parchís (ni de nadie, ahora que lo pienso) y nunca canté sus canciones ensayando frente al espejo.

Aunque por supuesto que he cantado muchas (otras) canciones con un cepillo en la mano, o un bote de champú, o mucho mejor, un desodorante. Por cierto, la marca Mum tiene las dimensiones idóneas, hacedme caso.

Chinito de Amol

Pues sí, amigos, la respuesta correcta ha contado con un único acertante, Holden, que contestó el primero y se llevó el gato al agua. Pues bueno Holden, ya nos contarás qué narices has hecho con un gato en el agua, con lo poquísimo que les gusta.

Enhorabuena. Ya sabes, puedes escoger qué escritor incluya en una futurible entrada de "Este es un escritor que va a comprar el pan".

Pero recuerda, recordad todos, que este blog es vuestra casa, que digo casa, vuestro palacio y que las cosas de (este) palacio van despacio, pero que muy despacio.

Respecto a "La canción del chinito y la chinita" (¡Qué título! ¡menudo tirón!) no, no tengo explicación razonable para que me asalte en los momentos más extraños.

Como os dije, los "Payasos de la tele" nunca me encantaron, aunque sin llegar a detestarlos al nivel de mi aborrecida infancia canora, y por no insistir más con Parchís recordaré a aquellos poco glamurosos mozalbetes (Botones) que nos castigaron con aquello "Sanchoooooo, Quijoteeeee, Quijoteeeeee", oscura premonición de lo que se nos avecinaba con el quinto centenario y demás efemérides institucional-cervantinas que nos asolan más que la pertinaz sequía.

Cualquier tiempo pasado no fue mejor

De verdad, yo ya me he leído El Quijote ¿Puedo salir ya al recreo, por favor?

Si tuviera que escoger una canción de mi infancia que me infundiera ánimo al descubrir que me había dejado la cartera y el abono transportes en casa (todo a la vez), sería no sé... Maná, maná que siempre me hace sonreír 

Pero juro que es así, el chinito (y también la chinita) se me aparecen en los momentos más inoportunos. Realmente inoportunos.

Como la vez en que, viviendo el siempre delicado trance de una mudanza, al límite de las fuerzas físicas y ya muy olvidadas las psicológicas, iba con mi infatigable hermana (Que José Luis Urribarri la bendiga) por la noche, probablemente después de tirar los cartones restos de las muchas cajas que habíamos conseguido vaciar.

Este era el cuadro: agosto en Madrid, once de la noche, un barrio que no es conocido precisamente por su bullicio y nosotras andando derrengadas en medio de una calle solitaria. Para que os hagáis una idea, un estilo Walking Dead, pero peor vestidas, que lo que te pones para hacer una mudanza, no te lo pones ni para.... ni para... bajar a una mina.

Anda ¿A ver si va a ser por eso que Antonio Molina no llevaba camiseta?

Bueno, pues ese es precisamente la clase de momento en que esto sucede, y sucedió:
- Cuando te digo chino-chino-chino del almaaaaa, tú me contestaaaaas..
- Pero ¡¿Qué haces?!
- Es que cuando estoy muy cansada me da por cantar Chinito de amol.
- ¿Y tienes que cantarla precisamente cuando pasa un chino?
- ¿Qué dices? Si no pasa un alma por la calle. ¿De dónde va a salir un chin..ooOOooostras un chino!!

Pues probablemente de donde salía era de su negocio sito está en mi misma calle y al que - abochornada - no he entrado jamás, aunque ambas hemos bautizado a dicho local con un nombre muy pegadizo:

HermanaSister- Si puedes, cuando vengas, compra una botellita de agua en cualquier parte.
Servidora- Es que no sé si habrá algo abierto.
HS- ¿No está ya la tienda del señor-al-que-ofendiste-gravemente?
S- Es que la tienda del señor-al-que-ofendí-gravente está camino al Metro y yo pensaba coger el autobús.
HS- Vaya.
S- Además yo creo que en la tienda del señor-al-que-ofendí-gravemente no tienen agua, es más tipo bazar.
HS -¿Pero has llegado a entrar en la tienda del señor-al-que-ofendiste-gravente?
S -No, no, solo me lo parece, que una vez iba a entrar pero me dio tanta vergüenza que al final no me atreví.

Por el mismo motivo no me atrevo a pasar por delante de la Embajada China, por si creo un incidente internacional.

Ah, Miliki... cuánto daño hiciste!




miércoles, 25 de mayo de 2016

Esa alegre tonada

En mi último post (tiempo ha) os decía que cuando estoy muy-muy cansada, o en uno de esos días que se te pincha una rueda, te dejas el móvil en casa y piensas "Esto es un/a..." bueno, habrá gente que rellenará ese hueco con palabras que se evitan cuidadosamente en este blog. Yo, simplemente, las califico como surrealistas.

Sobre todo teniendo en cuenta que no tengo, ni he tenido jamás, coche.

En fin, que en estas situaciones me da por cantar siempre la misma canción. Lo juro, casi sin darme cuenta empiezo a tararear.... ¿El qué?

A continuación cuatro posibles cancioncillas con su correspondiente teoría sobre porqué tales joyas del arte musical viajan directamente de mi subconsciente a mis cuerdas vocales, y además en momentos tan asín.

a) Soy minerooooo.
La razón por la que lo canto está clara: a ver, si un tío que se jugaba la vida todos los días en una mina de los años cuarenta, cantaba tan felizote "Soy barrenero porque a mí nada me espanta", no sé por qué alguien que lleva esperando un autobús 45 minutos a las tres de la mañana, al lado de unos chavales que están haciendo botellón, no puede mantener el ánimo.

Si queréis desentrañar las razones que hacían cantar a Antonio Molina que quería repetirle al mundo entero "Yo, yo soy minero" con tanta alegría, no os perdáis este vídeo donde se ve que una mina es una fuente inagotable de golpes de humor ingeniosísimos.

Que es lo que tienen las minas, que son una juerga.

b) Chinito de amol.
Ya sabéis (los que tengáis más de 40 años, sobre todo):

Cuando te digo chino-chino-chino del alma,
tú me contestas, chinito de amol

¿Que si ese es el título? Pues según este innenarrable documento gráfico con un Fofito travestido incluido, al parecer el nombre de la canción es "La canción de la chinita y el chinito", que no sé yo qué es peor.

¿Que por qué lo canto?
- Mujer, porque te recuerda a tu infancia y a los payasos de la tele que tanto te gustaban.
- La verdad es que, a pesar de pertenecer a la generación más ad-hoc para ello, nunca fui yo muy fan de los "payasos de la tele" (ni de ningún otro payaso), aunque reconozco que la canción tiene un ritmo de lo más pegadizo.

Así que no puedo dar una buena razón más allá a que quizá sea un recuerdo-homenaje al sufrido y trabajador pueblo chino.

Que lo de trabajador ya lo hemos visto todos, pero lo de sufrido se entiende viendo la actuación de marras, porque llevar aguantado el chiste del chop-suey de gambas más de cuarenta años, ya es tener paciencia.

Mucha más que haciendo un peregrinaje en busca de un cajero perdido en medio de la lluvia, esperando al fontanero durante horas o haciendo o una obra en casa.

Vale, no, lo reconozco, con lo de la obra me he pasado.

c) Campanera

Reconozco que no me sé más, así que entro en bucle en seguida:

Ay campanera, no sé qué,
no sé que eeraaaa

Es horrible, lo confieso, pero ya he dicho que solo me surge en momentos muy extremos.

No sé por qué mi memoria busca precisamente ese semi-recuerdo musical desde los cajones más escondidos de mi subconsiente en momentos de cansancio. A lo mejor es por asociación de la triste vida de los niños-artistas.

¡Criaturitas! Casi tan explotados como irritantes.

Y es que supongo que la han grabado muchos cantantes, pero a mi memoria siempre viene Joselito y su voz nasal y después, un velo negro.

- ¿Te quedas inconsciente? ¡Pues sí que estás al límite cuando te acuerdas!
- No, que me acuerdo de que apago la tele.

Jamás he conseguido ver una película de Joselito entera. Bueno, ni entera ni por cuartos, que en cuánto encuentro el mando, la quito.

Ni siquiera he sido capaz de ver este vídeo completo y eso que dura cuatro minutos.

Aunque os recomiendo encarecidamente que vosotros sí lo … ¿cuál es la palabra? lo disfrutéis, por lo menos el primer minuto en que vemos como un tipo muy avieso (se sabe que está hecho un malandrín porque fuma) critica a un tipo porque "vive de explotar a un chiquillo".

Desde luego... hay que ser retorcido para ver algo malo en la explotación infantil. ¡Con lo bien que crecen después los muchachos y las vidas tan buenas que llevan!

Joselito estaría de acuerdo, fijo.


d) El twist de mi colegio.

Tengo que confesarlo, a eso de los diez-once años, tuve mi etapa Parchís. Vale, ya está, ya me he atrevido, lo he dicho. Por favor, qué liberación al decirlo así, en público, pues sí: ¡Me encantaba!

Tanto que me vi, no una, sino tres-veces-tres "La guerra de los niños". Sí, sí y en el cine. Me gustaba hasta el perro y el amable profesor interpretado por el gran Manuel Alexandre.

Que este hombre sí que era sufrido, y no el pueblo chino; creo que en lugar de estar escuchando los play-backs de Parchís día y noche, pidió bajar a una mina a ser barrenero, que ya nada le espantaba.

Y claro, estuve cantando la cancioncita de marras durante semanas (mi hermana dice que meses), mientras intentaba imitar las coreografías.

Cuando me acuerdo de mi pobre personita bailando en el salón de casa, con el cepillo haciendo de micrófono pienso que aquellos sí que eran buenos tiempos para los niños.

- ¿Por los grupos infantiles como Parchís?
- Nohombreno, porque no había tantas cámaras como ahora y no quedan pruebas gráficas de aquellas ignominiosas tardes de domingo.

Reconozco que no solo me gustaba el grupo, el líder - Tino - fue mi primer amor platónico-preadolescente. Me chiflaba ese flequillo.

¡Qué gustos tenía! No solo creía que el momento cumbre de la música mundial era "El twist de mi colegio", la palabrota más fuerte "jopelines", el chico más guapo del mundo un doceañero saltarín y, lo que es peor, decía "Es que me chifla".

Y creo que esto, en sí mismo es la definición de lo que se llama estar en una edad difícil.

Vale, ahora reniego, pero se ve que algo me debió quedar en el fondo de mi memoria de hortera confesa que resurge cuando tengo la guardia baja y la verdad, decidme que no es pegadizo: Profesores y estudiantes
con el twist de mi colegio
….


¿Y vosotros? ¿Tenéis alguna canción que os asalta en momentos rarunos porque os gustaba mucho, porque nada, o sin que sepáis por qué?

¿Alguien quiere salir del armario musical y confesar que tenía todos los discos de Los Pecos, o que se sabía todos los pasos de los bailes de Regaliz o, aún peor, que deseaba fervientemente formar parte del grupo de niños que acompañó a Betty Misiego a Eurovisión?

E insisto: En los comentarios se puede elegir cuál es la opción verdadera y el ganador... en fin, me da vergüenza que escogerá tema para una entrada futura cuando aún tengo dos temas pendientes (no, no me he olvidado), así que si lo prefiere, el ganador o ganadora podrá proponer un escritor para una futura entrada de "Este es un escritor que va a comprar el pan".


Y si hay un empate, ganará el que me diga cuántas veces se le cae el sombrero a Miliki.

martes, 12 de abril de 2016

El pulpo de Cheshire

¿Os he contado alguna vez que en mi piso vive un pulpo? ¿No? Pues se me habrá pasado.

Pues sí en casa lo tengo, en el sofá, para ser exactos y cada vez que quiero salir a la calle, me atrapa con sus tentáculos hipermusculados y no consigo ir a ninguna parte

Yo estoy en casa pensando "Ahora me bajo a la frutería a proveerme de esas cinco raciones de frutas y verduras que llevo tan a rajatabla".

Pero el pérfido cefalópodo me atrapa en el sofá y comienzo a pensar:

- Mira que tener que salir a comprar ahora... con el frío/calor/loquesea que hace... y lo cómodo que se está en casa

Y ahí que me quedo, sin poder moverme, preguntándole al molusco de marras por cuántas de esas cinco míticas raciones de fruta y verdura me convalidarán una lata de maíz.

Claro que hay que decir que a mí la frutería me pilla lejísimos ¿Eh? Con deciros que está en mi mismo edificio, ya os hacéis una idea.

Pero el otro día... el otro día estaba yo, como tantas otras veces, pensando que tenía que salir a por dinero (después de pasar tres días con 46 céntimos en la cartera) y a la farmacia. Y por una vez, las razones del maldito gasteróp... ¿molusco? ¿pez? No, pez, no… que el maldito bicho pudieron menos que la apasionante perspectiva de hacer recados.

Así, salí a la calle armada con mi inaudita fuerza de voluntad y mi indiscutible belleza. Porque decidme que alguna vez habéis visto a alguien discutiendo sobre mi belleza, que ya sería una chorrada por la que discutir, sobre todo habiendo tantos penaltis que cumplen a la perfección con ese cometido.

Llego al cajero, meto la tarjeta y me dice que no, que hoy no da dinero. Que ahora no se encuentra en esa fase de su vida. Que no es por mí, que es por él... Pero que me puede enseñar un plano con los cajeros más cercanos.

Yo me sé uno, pero según el plano en cuestión, hay uno mucho más cerca, y allá que me fui, dispuesta a encontrarme con mi destino y mi cajero, a unos trescientos no sé cuántos metros en dirección norte.

Un buen rato más tarde ya empezaba a pensar que a lo mejor lo había leído mal y a lo que estaba era a los 243 kilómetros que separan a Madrid de Burgos, hacia el norte, muy hacia el norte.

¿He dicho ya que llovía? Pero llovía-llovía, de esas veces que llevas paraguas, abrigo, botas y una capa de agua cosida al refajo y llegas calado a casa igualmente.

Pero yo seguía avanzando, valerosa y llena de energía, resuelta a no darle la razón al octópodo maldito. Por fin, ya más cerca de Aranda de Duero que de Madrid, vislumbro el ansiado cajero, allá en el horizonte.

- Lo bueno - pienso yo en un rapto de optimismo - es que solo hay una persona y esa pareja de "mediana edad" (signifique lo que signifique eso).

Poco después, termina el primer cliente y la pareja del medievo que después identifiqué como turistas extranjeros, se acercan al cajero. Digo "se acercan" y no otra cosa, porque el tiempo que transcurrió entre que llegaron al susodicho cajero y hasta que empezaron a operar, fue infinito.

Y eso que iban con la tarjeta en una mano.
Y el pin apuntado en un post-it, en la otra.

Por lo que se ve, el índice de delincuencia en la provincia de Burgos es realmente bajo.

Podría parecer que la secuencia de introducir una tarjeta que llevas en la mano y unos números que también llevas a la vista no podría ser muy larga.

Pero lo fue.

Yo, mientras, esperaba bajo la incesante lluvia e iba pensando sucesivamente:

- A lo mejor es que no encuentran su idioma entre los disponibles.
(unos minutos)
- Aunque sería curioso porque hablan un perfecto castellano.
(unos minutos más)
- A lo mejor es que en su país no existen los cajeros.
(más minutos, aún)
- … o no existen códigos pin.
(y alguno más, todavía)
- … o números

Por fin consiguieron acceder a la pantalla inicial del cajero y se ve que les gustó, porque volvieron a ella una y otra vez.

Y otra más, y otra y otra.

Yo cuando llegaron a la decimoquinta, aproximadamente, fui consciente de dos cosas:
a) Esta era, decididamente, la vez que esperaba más en un cajero
b) Era uno de esos días.
c) La catedral, vista desde ahí, estaba francamente bonita.

¿De qué días? Pues de esos que se te cae un zapato a un charco, pierdes las llaves y te achicharran el pelo en la peluquería, todo seguidito, sí, de esos.

Lo mejor en esos casos es disfrutar del espectáculo. Eso y ponerse a cantar (bajito, a ser posible), yo en esos casos o cuando estoy realmente cansada, canto - de forma inconsciente - una alegre tonada, que es la señal inequívoca de que el agotamiento puede conmigo.

Por fin pude acceder al cajero, que estuve a punto de besar, cuando aún andaban por ahí los turistas.

¿He dicho ya que se dejaron el recibo?

Pues sí, se lo habían dejado y se lo devolví porque soy buena persona, y porque bastante atracables resultaban ya con la tarjeta y el pin tan cerquita uno de otro, a lo que había que añadir los por lo menos doscientos euros que llevaban en efectivo también muy a la vista, para añadirle además el saldo de su cuenta.

En fin, saqué el dinero (¿a que hubiera estado bien que se hubiera estropeado el cajero justo en ese momento?) y me despedí de las afueras de la ciudad del Cid con lágrimas en los ojos. O era la lluvia, no sé.

A la vuelta, decidí acortar todo lo que se pudiera y callejeando me encontré con una farmacia donde podría cumplir la segunda parte de mis objetivos.

Ahora cambiemos el escenario e imaginemos la botica donde Don Hilarión despachaba específicos a la espera de bailar el chotis con la Casta y la Susana. Lo supe en cuánto crucé la puerta y una voz rota de ancianito de opereta me recibió:

- Un momento, por favor, que estoy buscando un número...
- Tranquilo, se ve que es la tarde los código numéricos esquivos.

No me sorprendió ni lo más mínimo que tardara un buen rato en salir. Yo mientras me entretenía en canturrear y en acordarme del listillo del cefalópodo, que irónicamente estaba tan seco en casa, mientras yo nadaba en mi propia ropa.

Por fin llegó el boticario, que todo hay que decirlo, era muy amable. Tristemente, en una relación inversamente proporcional a su rapidez y eficacia; y es que no se puede tener todo en este mundo: simpatía, rapidez, una morena y una rubia, hijas del pueblo de Madrid...

No sé si conocéis el sistema de receta electrónica pero, resumiendo, consiste en que con tu tarjeta sanitaria, el farmacéutico puede leer en su ordenador, qué medicamentos te tiene que dispensar.

Nota para extraterrestres:Los medicamentos es lo único que se dispensa. Si te compras dos filetes, te los venden, como mucho te los despachan, pero jamás te los dispensan.

Parece fácil ¿verdad? Le aparece un listado y solo tiene que ir a por ellos. Y es que hoy las ciencias avanzan una barbaridad.

¿He comentado ya que iba a por uno, volvía leía los siguientes, pero se le olvidaba el siguiente y tenía que volver?

No me sorprendía, la verdad.

- A veeer... paracetam...tusofarm …. eeeehmmmm
- ¿Y qué? ¿Que tal sigue la Casta?
- El paracetamol. ¿Qué más era?

Además le pedí una crema de manos. Yo soy así, me va la marcha. Cuando por fin consiguió reunir la asombrosa cantidad de tres botes en el mostrador, yo solo podía rezar pidiendo: 
¡¡Por favor, que no pegue los códigos de barras en la hojita de costumbre!! 

Que me imaginaba al hombre
a) Buscando la hoja
b) Buscando el celo
c) Buscando las tijeras para cortar el celo
d) Buscando.....

Gracias a Dios y a don Tomás Bretón, no fue así y aún tenía alguna esperanza de volver a casa sin hacer noche por el camino.

Tranquilos, que todo esto me fue recompensado con nada más y nada menos que DOS caramelos. Ya sabéis, caramelos de farmacia. Esos caramelos a los que el resto de los caramelos no ajuntaban en el patio del colegio de chuches.

Caramelos de colores imposibles, uno es azul, no sé... azul … azul jersey, porque yo he tenido un jersey de ese color, seguro. Por el color intento saber de a qué sabrá, calculo que a 40% lana.

El otro es más fácil, el color es verde contenido estomacal. En serio, no hay ni la más mínima duda.

Y bueno, por fin volví a casa. Pensaba pasarme por la frutería, pero me imaginé qué clase de extraños ataques por parte de los (famosos) tomates asesinos sufriría y decidí llegar a mi piso a quitarme la ropa mojada y encerrarme ahí con mi latita de maíz y mi octópodo riéndose de servidora a mandíbula batiente.

Bueno, a ventosa batiente, a … ¿cómo se ríe un cefalópodo?


Y vosotros ¿Alguna vez habéis comido un caramelo de farmacia? ¿Sobrevivisteis? En caso contrario ¿Qué tal es el otro mundo? ¿Hay más fibra, o ADSL?

¿Queréis que os cuente cuál es la alegre tonada que canto en los momentos más surrealistas? (Advierto que lo voy a hacer igualmente)

¿Sabéis si he situado bien Aranda de Duero?

¿Tenéis también un pulpo en casa que no os deja moveros del sofá?


Espero que no, o en todo caso que no os impidan venir el día 23 de abril (Día del Libro/de Aragón/de San Jorge/de Sant Jordi/del dragón...) a que os firme un librito (o dos) en el Pso. de la Independencia de Zaragoza. En la mesa de la librería El Gato de Cheshire. A la una y a las siete de la tarde.

Venga ¿No conocéis a nadie en Zaragoza? Jo, porfaaaa, andaaaa.



martes, 8 de marzo de 2016

Mis otras vidas. (La) Ginebra y el aguante

Como algunos recordaréis (probablemente los mismos que aún recuerdan cuando actualizaba mi blog más de dos veces al trimestre) que yo, aquí donde me veis (o no me veis, pero me leéis) he vivido muchas vidas y os las empecé a contar hace algún tiempo, tres o cuatro vidas antes de esta.

Podéis pinchar aquí si queréis conocerlas y de paso, me podréis ayudar en mi recuento de maridos pasados, que a estas alturas no me acuerdo de cuántos fueron.

A ver, que a veces me casé y a veces no, y que también me podríais ayudar a contar cuántos corsés tuve, cuántas profesiones desempeñé, cuántos vecinos aficionados al noble arte del zapateado, cuántos vecinos encantadores (esto se cuenta rápido), cuantos gatos que se llamaban Michi, cuántos hijos pecosos o cuántas muelas del juicio me quitaron, pero pensé que tenía menos gancho comercial, y además seamos sinceros ¿Quién lleva la cuenta de las veces que se ha casado en la vida?

Todavía contar lo de los corsés...

Ginebra, Suiza (cantón arriba, cantón abajo). Un momento indeterminado del siglo XIX

Nací en el seno de una familia de posibles y la mayor parte de mi infancia transcurrió sin muchas novedades, más allá de la preceptiva muerte prematura de mis amados padres y posterior crianza en casa de unos tíos lejanos.

Y es que en aquellos tiempos era una gran vergüenza para una jovencita de buena familia que aspirase a heroína romántica no haberse quedado huérfana en la más tierna infancia.

El paquete completo hubiera sido que mis tíos fueran malísimos y me encerraran en un ala pavorosa de su mansión, o por lo menos que un internado lleno de sádicas profesoras... pero no tuve suerte en eso y me tuve que conformar con criarme rodeada de todo tipo de comodidades y del cariño sincero de mis parientes.

En fin, que tuve que renunciar a convertirme en atormentada protagonista de alguna fantasía romántica y conformarme con educarme para ser un "ángel del hogar" y una "adorable criatura". Resumiendo: una pavisosa del quince.

Bueno, del diecinueve.

Ni siquiera me concedieron el inquietarme sobre si encontraría o no marido y de qué calaña, porque siempre se dio a entender dentro de la familia que tarde o temprano me casaría con mi primo (lejano ¿eh?, primo le-ja-no) Víctor, que por lo menos podía haber tenido el buen gusto de ser un señorito tarambana que me hiciera llorar mucho y sufrir por su amor, o algo así, pero nada, ni eso me quedaba.

El muy sosainas era un modélico estudiante de medicina en Baviera que ni sufría por estar enamorado de otra, ni era iracundo, ni era desdeñoso, ni jugador, ni nada. Con deciros que cuando servían pollo lo que lo mismo le daba muslo que pechuga...

Si hubiera vivido hoy en día, seguro que me hubiera regalado peluches todos los sanvalentines, de esos que llevan un cartel que pone "I love you" o algo aún peor. Si es que existe tal engendro.

Hubo un momento, al finalizar sus estudios que pospuso - quizá demasiado - la fecha de la boda y por un momento albergué esperanzas sobre que aún podría protagonizar algún terrible drama, pero nos casamos y que si quieres arroz Catalina  ("Que si quieres arroz, Catalina" se decía mucho en la Ginebra del diecinueve, como todo el mundo sabe).

Yo y el candor (en aquellos tiempos gastaba pelazo)
La boda fue por todo lo alto: su familia (y la mía, que para eso era la misma), los invitados, los vecinos, hasta los criados lo celebraron con abundante vino del Rin y jocosa alegría. Hechos estos que suelen ir de la mano, quién sabe por qué.

En fin, que fue un día que produjo una gran alegría en todos, con deciros que cuando mi reciente marido y yo abandonamos la fiesta seguíamos escuchando desentonados cánticos de la zona. No os puedo decir exactamente cómo eran pero sonaban más o menos como ... A ver... ¿Recordáis la canción de la taberna de La Guerra de las Galaxias?

Sin embargo yo aunque sonreía con virginal candor (signifique eso lo que signifique) disimulando, me sentía frustrada en mi interior, al ver alejarse cualquier opción de ser una heroína trágica.

Ahora que lo pienso, hubo momentos que mi primo (lejano) se me antojaba algo más taciturno (que es como las personas de bien llamábamos entonces a las dificultades en el tránsito intestinal) que de costumbre desde que volvió de la Universidad de Ingolstadt, pero lo atribuí al cambio de aguas y al cansancio producido por haber aprendido a deletrear correctamente Ingolstadt.

Pero mira tú por dónde mi noche de bodas iba a dar un giro completo a mi existencia.

Noooo, no os emocionéis, que mientras mi pichoncito pasaba un tiempo singularmente largo en ponerse el camisón ese tan sexy que llevaban entonces los caballeros, una horripilante criatura de más de dos metros, rasgos deformes y unos costurones que causaban terror (y que tantas veces he visto en mis vidas posteriores como resultado de chapuceras operaciones de apendicitis) irrumpió en la habitación.

Si no os acordáis de cómo empezó este párrafo, tranquilos, yo tampoco.

Resumiendo una escena que resultó ciertamente desagradable, la monstruosa criatura segó mi vida de una forma especialmente cruel, y no lo digo por el abundante el baño de sangre, sino porque incluyó que lo último que escuché en mi vida fuera la musiquilla esa de la cantina de "La Guerra de las Galaxias" (que ya hay que tener mala fé).

¡Resulta que mi maridito, en la universidad, se había dedicado a dar la vida a un cadáver en sus ratos de ocio! Que es lo que tiene la carrera de medicina, que deja muchos ratos muertos (je-je "muertos" ¿No os hace gracia? ¿Seguro?).

Y pensar que un día me confesó que había cometido un terrible error en su vida de estudiante y yo creí que le daba vergüenza decir que se había hecho de la Tuna (y no me extraña).

Aquí una impostora. La única novia de V.F. fui yo

Mis últimos momentos de vida, mientras agonizaba en brazos de mi inconcluso esposo que me pedía perdón una y otra vez, en una escena que hubiera resultado preciosa de no ser porque mi primo (lejano) llevaba un gorro de dormir de esos con borla, fueron para asegurarle que no le guardaba rencor porque:

a) Al final cumplía con mi vocación de joven de trágico destino.

b) Nos había ahorrado a ambos un largo, endogámico y aburridísimo matrimonio con un pariente (por muy lejano que fuera).

c) Tampoco hay que enfadarse con tu marido porque haya creado una Criatura desorientada para después dejarla abandonada a su suerte hasta que se convierte en un monstruo sediento de sangre, que desde luego "hoy en día las parejas no aguantan nada".

d) Peor hubiera sido lo de la Tuna.